Habíamos procurado no cruzarnos con algún chileno, pero sabíamos que, al llegar, al Centro Cívico, esto sería imposible. Al llegar, vimos que una bandera de grandes dimensiones se había izado en la fachada de la residencia de la señora Olga, y a su puerta justo se acercaban dos policías a caballo. Nosotros nos detuvimos al frente esperando que pasen, pero los policías se bajaron y empezaron a azotar la puerta de la mujer. Momentos después doña Olga salió. - Señora, segunda advertencia,por orden del Intendente, ¡haga bajar esa bandera¡ - le dio el oficial. - ¡Jamás¡ - contestó la señora con tono enérgico- Ustedes que tienen la fuerza, si quieren pueden escalar mi casa y arrancarla. Los policías chilenos, ante la muestra de energía y altivez, dudaron un momento. Se dijeron unas palabras entre ellos y, sin nada más que hacer, procedieron a retirarse. Sin embargo, el caballo del oficial se encabritó y dio grandes saltos tirando al suelo a su jinete, quien fue recogido fuer...