Momentos después doña Olga salió.
- Señora, segunda advertencia,por orden del Intendente, ¡haga bajar esa bandera¡ - le dio el oficial.
- ¡Jamás¡ - contestó la señora con tono enérgico- Ustedes que tienen la fuerza, si quieren pueden escalar mi casa y arrancarla.
Los policías chilenos, ante la muestra de energía y altivez, dudaron un momento. Se dijeron unas palabras entre ellos y, sin nada más que hacer, procedieron a retirarse. Sin embargo, el caballo del oficial se encabritó y dio grandes saltos tirando al suelo a su jinete, quien fue recogido fuertemente lesionado , ante el asombro y mofa de todos los que se habían acercado a ver. Pronto, los policías avergonzados, se marcharon.
Esperamos unos minutos a que se retiraran y entramos a la casa. Doña Olga nos dio la bienvenida y nos hizo pasar a la cocina, donde dejamos las ollas, entre otras viandas de ricos postres.Nos sorprendimos de que adentro en el patio no había casi ruido, a pesar de que un grupo de tal vez veinte personas congregadas repartieron el vino en elegantes copas. Doña Olga tomó la palabra.
- Me vienen a indicar que estamos vulnerando al país al que ahora pertenecemos. A mi nombre y el de mi esposo que muchos de ustedes conocieron, que luchó con su vida por el Perú, les digo: ¡Compatriotas, amigos, hermanos, esta casa es mía, esta casa es mi tierra, esta casa es Perú! Y aquí está,mi bandera a pesar de los ataques que vivimos por años y también por la absurda intromisión que tiene el intendente y el comisario con mi persona -arengó, hizo una pausa y continuo- ¡Qué viva Tacna! ¡Qué viva el Perú!.
Yilmer Ticona Flores. El fuego sagrado. Editorial Apogeo. 2021

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